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Cultura

La situación geográfica ha hecho de la península Ibérica un puente natural entre las culturas del norte y del sur de Europa y también de África y del Mediterráneo. Las vicisitudes de su historia la han convertido en lugar de encuentro entre las más diversas culturas.

Por eso, España cuenta con un rico patrimonio histórico y cultural. La presencia de culturas diversas desde el Paleolítico Superior y el Neolítico; los celtas e íberos como pueblos autóctonos de la península Ibérica; las colonias griegas, fenicias y cartaginesas; romanos, visigodos, musulmanes y los pueblos de los reinos medievales peninsulares, han dejado una enorme cantidad de vestigios arqueológicos; una concentración de yacimientos con arte rupestre única en el mundo, castillos, catedrales, ciudades y poblados medievales; una herencia cultural, en definitiva, que perdura hasta nuestros días.

Con la recuperación de las libertades que trajo la llegada de la democracia, se ha producido una modernización del país en todos los ámbitos. A esta circunstancia no ha permanecido ajena la cultura, que en los tres últimos decenios ha experimentado un importante auge, se ha modernizado y se ha democratizado, de manera que es mucho más accesible a toda la población. El Gobierno del Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos han restaurado centenares de monumentos, han abierto teatros y museos, han multiplicado los festivales de música y han potenciado la producción de películas.

En estos años España se ha convertido en una potencia editorial mundial de primer orden, lo que se ha visto en buena medida sustentado por el idioma español, que con algo más de 400 millones de hablantes es el cuarto más utilizado en todo el mundo. Al margen de esta circunstancia, el cada vez mayor interés por el español en todo el mundo viene también avalado por la pléyade de jóvenes escritores que han vendido millones de ejemplares de sus libros.

Este éxito se ha producido igualmente en el mundo del cine. La cinematografía española cuenta en la actualidad con un número cada vez mayor de actores y directores de reconocido prestigio internacional y, aunque tiene que competir en muchas ocasiones en inferioridad de condiciones con los productos de las grandes multinacionales, ha producido largometrajes que han recibido el reconocimiento en algunos de los festivales y certámenes más importantes del mundo. Tercero del continente, después de Francia y Alemania,en volumen de producción (173 largometrajes y 210 cortometrajes en 2008) y en los restantes vectores que estructuran una cinematografía (con una cuota de mercado del 13,30% el pasado año) y con el prestigio internacional que le otorgan, además, directores como Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar, Carlos Saura, Álex de la Iglesia o Bigas Luna, y actores y actrices del relieve y la popularidad de Javier Bardem, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Carmen Maura o Victoria Abril.

Algo parecido ocurre con las artes escénicas.

La ópera ha dado artistas de primer orden que ya son referente en todo el mundo, mientras que no pocas compañías teatrales triunfan en los principales escenarios de los cinco continentes.

Por lo que respecta al arte, España ha sabido conjugar a la perfección la protección de los vestigios de su dilatada y rica historia con la construcción de nuevos museos de arte moderno, el apoyo a los nuevos creadores y la mejora de las instalaciones museísticas, algunas de las cuales –como es el caso del Museo Nacional del Prado– se han convertido en un referente cultural en todo el mundo.

El gran desarrollo de los teatros públicos ha generado espectáculos que nos definen en Europa. No ha sido ajena a esta circunstancia la recuperación en los años ochenta de los dos grandes clásicos españoles del siglo XX, Valle-Inclán y García Lorca, cuyas obras han ocupado por fin el lugar que les corresponde. Otra recuperación tan importante como ésta ha sido la de nuestros clásicos del Siglo de Oro.

En los últimos treinta años ha surgido una nueva pléyade de coreógrafos que han llevado la danza contemporánea creada en España a unos niveles nunca antes alcanzados. Entre tanto, el talento y calidad de nuestros bailarines de danza clásica deja muestras de genialidad por todos los teatros del mundo. Al mismo tiempo, el baile español, la herencia del flamenco, ha sido la raíz para la aparición de una poderosa generación de artistas cuyos espectáculos son aclamados en todo el mundo.